Después de tanto tiempo buscando alguna respuesta, caes en
la cuenta de que no hay emoción más extraña que el miedo. Su definición literal
es tan clara que da miedo, nunca mejor dicho; algo así como "aprensión que
alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea". Pero,
¿siempre el miedo aparece para librarnos de algo que no deseamos?...
Nos empeñamos en perdernos entre miles de preguntas que lo
único que hacen es alejarnos del verdadero motivo. Nos sentimos liberados,
relajados cuando nos escondemos bajo la sábana dejando fuera de ella la
realidad. Esa que está ahí aunque joda. Puedes dormir tranquila, serena...
puedes tener dulces sueños o la mejor de tus pesadillas, pero el sol aparece,
la mañana está ahí y siempre, siempre... llega la hora de destaparse. Tras la
sábana está la verdad, la que nos empeñamos en pintar de nuestros colores
preferidos. Tu verdad con todos tus miedos. Nos agobia la incertidumbre, la
novedad. Nos aprieta el qué dirán, los cambios radicales. Nos angustia asumir.
Perdemos las nociones básicas de lo que es esto. Porque
tener miedo es absolutamente genial, por y para perderlo. Que vivir a corazón
abierto es un placer que pocos experimentan. No sé lo qué ni cómo será, pero yo
ya he empezado a desabrocharme mis botones. Porque hace un calor inmenso bajo
la sábana, porque desde aquí dentro no se ve nada. Porque hay que salir cueste
lo que cueste, digan lo que quieran. Porque mi ropa de valiente me acompaña
esta vez. Porque ya basta de perder el tiempo y no temer. Quiero tener miedo,
quiero perderlo. Quiero perderme y encontrarme cuarenta días después. Que me
pregunten dónde has estado y ni siquiera yo lo sepa. Quiero ser peor, más
extraña, más mentirosa, más inestable, más insoportable, más incomprensible,
más tierna, más áspera, quiero serlo todo y ya. Que nadie entienda nada de lo
que escribo, sólo los que tienen miedo. Que quienes tienen “miedo a” lo
pierdan, se despojen.
Porque afrontar el temor es tan sencillo como dejar de
pensar y actuar.

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